Sobre la muerte de Juan Gabriel

por Pok

sobre muerte juan gabriel

Casi al inicio de este blog publiqué una entrada sobre la muerte de los famosos contrastando con la muerte del ciudadano común, en 2009 todavía una gran parte de los mexicanos defendía la “guerra contra el narco” y apenas se empezaban a dar cuenta de las graves matanzas de ciudadanos que estaban ocurriendo, una de las cosas que decía era que la muerte de algunos es muy sentida por muchos y la muerte de muchos es casi ignorada por todos y criticaba un poco todo el escándalo que se hace cuando muere un famoso, sobre todo esos famosos que a la hora de las crisis no se suman al pueblo, no hacen público su apoyo a los movimientos sociales o incluso se manifiestan en favor de los gobernantes. No me voy a poner a buscar si Juan Gabriel hizo alguna de las dos cosas, en realidad no vi que se metiera en estas cuestiones a favor del pueblo (algo que le hubiera traído más fans pero que es un riesgo para muchos que viven del espectáculo -Pero qué necesidad , para qué tanto problema! ;) y seguramente hizo muchas actuaciones para políticos importantes o incluso narcos (inocente, pobre amigo) pero veo que había algo en él que hace que sea, relativamente, una minoría la que se sustrae de hablar de su muerte por lo que quiero (me nace del corazón ;) poner algo que encontré sobre la controversia que se dio cuando se le permitió su primer concierto en el Palacio de Bellas Artes:

Juan Gabriel: placer culposo y cultura popular

Fragmento de un ensayo de Adriana del Moral en La Jornada Semanal

¿Por qué gusta Juan Gabriel? Su sencillez musical acompañada de letras que recogen ideas sobre el amor en todas sus variantes (filial, cortesano, romántico e, incluso, divino) quizá ofrezcan buena parte de la respuesta. Atrae también por su personaje, que encarna valores arraigados profundamente en el ideario colectivo nacional: la gratitud –la primera parte de su nombre artístico es un homenaje a Juan Contreras, exmúsico de banda sordo que fue su primer maestro–, la devoción cristiana, el amor a los padres –recordemos el monumento de amor póstumo a su madre que representó “Amor eterno”–, la generosidad, la amistad.

En el cantautor conmueve también la historia de ascenso social por esfuerzo propio, arquetipo que funciona para seducir lo mismo a nivel de las telenovelas de peor factura que de las biografías de los modernos self-made men. En su vida encontramos elementos de algunas de las mejores películas de Pedro Infante, así como el drama de la miseria campesina, la encarcelación injusta y la marginación.

Alberto nació en una familia de campesinos. Antes de que cumpliera un año, su padre Gabriel Aguilera quemó un pastizal a fin de preparar la tierra para la siembra. El fuego se extendió sin control y esto lo afectó de tal modo que terminó internado en La Castañeda, el sanatorio para enfermos mentales de Ciudad de México. No se sabe con certeza si falleció ahí o llegó a escapar, pero Gabriel Aguilera no volvió a reunirse con su familia, por lo que su esposa Victoria Valadez emigró a Ciudad Juárez. El compositor plasmó esta historia familiar en el tema “De sol a sol”.

(…)

La polémica de Bellas Artes. Apocalípticos contra integrados

En 1990 la presentación de Juan Gabriel en el Palacio de Bellas Artes desató polémica en el medio cultural mexicano. Previniendo posibles cuestionamientos, Víctor Flores Olea, entonces presidente de Conaculta, anunció que las ganancias de los conciertos se destinarían a la Orquesta Sinfónica Nacional. Aun así, las críticas llegaron: para el periodista cultural Víctor Roura, “Bellas Artes fue momentáneamente un palenque, un estudio de Televisa, un recinto de Ocesa. La magnífica coyuntura, pues, del naciente empresariado nacional popero para introducirse en campos fértiles, inexplorados, velada, raquítica, reducidamente seducidos”. En una postura que Umberto Eco calificaría de claramente apocalíptica asistíamos al triunfo de los hábitos televisivos sobre el resto del espectro cultural.

Por su parte, Carlos Monsiváis apoyó abiertamente la puesta en escena e incluso escribió el programa de mano. Ya en Escenas de pudor y liviandad (1981), el escritor había caracterizado a Juan Gabriel como una “institución” nacional por haber triunfado en un mundo masculinizado. Incluso llega a equipararlo, “toda proporción guardada”, con Salvador Novo: “A los dos, una sociedad los eligió para encumbrarlos a través del linchamiento verbal y la admiración. Las víctimas consagradas. Los marginados en el centro.”

Lo que Roura vio como una concesión al star system de Televisa, para Monsiváis fue una cuestión de reconocimiento a la diversidad, del triunfo de los otrora parias. En la confrontación abierta al respecto entre ambos durante una entrevista Monsiváis afirmó: “Creo difícil imaginar un medio más abyecto, en lo moral y en lo político, que el cine mexicano de donde surgieron figuras absolutamente legítimas de la cultura popular (Pedro Infante, Tin Tan, Joaquín Pardavé, Ninón Sevilla, Resortes). Y creo que la atroz industria cultural de hoy también producirá figuras, símbolos, emblemas, formas lingüísticas que, asimiladas y ‘reconvertidas’, serán parte de la genuina cultura popular.”

Esta discusión es profunda. Al respecto, Alessandro Baricco aporta en Next (2002) argumentos provocadores. En sus inicios la música clásica podía entenderse como un bandidaje que achataba el gusto del público y destruía una tradición con siglos de antigüedad. Y La Traviata, de Verdi, que hoy consideramos una obra de arte, nació como un producto hecho para complacer el gusto del gran público: hablaba un lenguaje desoladoramente simple, sintetizaba la humanidad en unos pocos modelos psicológicos superficiales y, para oídos habituados a Beethoven, musicalmente sonaba a pura vulgaridad. ¿Será así que al paso de las décadas Juan Gabriel logrará abrirse paso a través de las generaciones para encontrar nuevos oídos que conmover y cuerpos que incitar al baile? Es una respuesta que no está en nosotros, por más que consideremos su música loable o decadente. Mientras, queda el placer culposo de seguirlo escuchando.”

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Pues sí, una vida en muchos aspectos triste, de gran esfuerzo pero que sin duda no hubiera llegado a ser lo que fue sin el apoyo de los medios masivos, en especial Televisa (que ya vemos lo dañina que ha sido para la sociedad mexicana, sobre todo por la manipulación de la información) y figuras políticas porque, finalmente, estos personajes famosos, por más que pueda molestar, son creados o impulsados por el poder para distraernos hasta con su muerte aunque, en Juan Gabriel había una sensibilidad que lo llevó a ser artista, no solamente “estrella” del canal de televisa, artista popular al que le faltó ponerse más del lado de las luchas sociales, dedicar alguna canción a lo que se vive en México, no sé, (probablemente estoy pidiendo demasiado ;) pero estoy seguro que eso haría que ahora, al morir, se le extrañara más aunque él sabía que sus fans no pueden, aunque intenten olvidarlo.

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Q.E.P.D. 

 

One Comment to “Sobre la muerte de Juan Gabriel”

  1. que falosos estos del gobierno, por la muerte de un artista gastan el presupuesto de los que pagamos impuestos en un teatro bien montado y disfrazado para entretener al pueblo, en chiapas y campeche, están matando a pastores Cristianos, y también son mexicanos, les arrebatan a familias enteras todas las pertenencias, sus casas y parcelas, les arrebatan, queman, y la Policía Federal, Donde Esta? menos la policía local? donde actúa Gobernación? donde queda la dirección de asuntos religiosos? no les importa, se muere un artista popular y hacen este teatro.

    Diario matan a estos hermanos en Cristo, y nadie dice nada, paga el gobierno por no publicar esto, ni salga en medios de comunicación, ni les hacen un homenaje, ni dedican a un solo policía federal en hacer investigaciones, el caciquismo católico esta en todo su apogeo, ni difunden 24 horas las cadenas televisivas los asesinatos a mansalva de los caciques de las diferentes localidades, que falos es nuestro gobierno, solo busca distraer al pueblo con cualquier hecho y en este caso no es la excepción, aprovechan la muerte de un ídolo de barrro, para homenajes falsos, y superfluos, cuando los verdaderos héroes del Evangelio del Señor JESUCRISTO, que predican la palabra de DIOS, la cual Salva y aleja de todo pecado a los hombres que se prestan para oír y lograr un cambio en sus vidas, nos tachan de locos, fanáticos, solo porque predicamos y las personas, van alejándose del camino de perdición, homosexualismo, lesbianismo, drogadiccion, prostitución, pederastia, vicios de todo tipo, estos verdaderos héroes logran unificación familiar, cambian sus vidas por medio del evangelio y nadie dice nada.

    En cambio muere un homosexual que dicen es artista del pueblo y hacen todo esto, que bueno que a los que pagamos impuestos, nos cuesta que la policía federal la preparen para participar en estos espectáculos negativos de artistas de barro, y no estén combatiendo a la delincuencia, como debe ser su misión

    Que bueno que también el mismo presidente pertenezca, a este grupo de preferencias desviadas, como muchos de los funcionarios del gobierno, entre ellos mismos tapan sus cochinadas y se olvidan del verdadero pueblo, el que paga los impuestos para que ganen sueldos enormes.

    Esa es la verdad en nuestro pais

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